• Tita, la Gran Tita de Argentina, la del tango… Tita Merello

    Mujer polémica, franca, peronista hasta la “médula”, fue definida por el prestigioso periodista Jorge Göttling como “la Bardot de Puente Alsina, la Garbo del Abasto o la Dietrich de San Telmo”,  todos conocidos barrios de la ciudad de Buenos Aires. Vivió una niñez llena de privaciones.


    “Alguien dijo que mi nombre es como el Tango”

    Rodolfo Ghezzi         

    El martes 24 de diciembre de 2002 a los 98 años, murió Tita Merello. Actriz y cantante, símbolo de la cultura tanguera rioplatense, fue una de las personalidades más arrolladoras de la escena argentina, fundamentalmente en el Tango y en el Cine.

    Con pocos años la ingresan en un asilo con una incipiente tuberculosis y es  obligada a trabajar en una estancia cerca de Magdalena en la provincia de Buenos Aires, Argentina,  como peón de campo y sirvienta a cambio de casa y comida.

    Así comienza su historia...  En el año 1904 un vecino de ese barrio de San Telmo, de profesión cochero, registró como su hija a una niña nacida el 11 de Octubre en la calle Defensa 715. De nombre Laura Ana y Merelli de apellido, como su padre Santiago. Madre desconocida, tal vez por ser menor de edad, aunque luego Ana Ganelli, joven uruguaya de 23 años reconoció en la misma partida de nacimiento a Laura. Con cuatro meses de vida se queda sin padre y Ana se ve obligada a ingresarla en ese asilo de beneficencia. De esa etapa recordaría:

    “Yo sé lo que es la vergüenza y el miedo. Cuando estaba en el asilo, una noche me desperté con dolor de barriga, y vi con horror que mi bombachita estaba manchada de caca. Siento todavía el frío debajo de mis pies yendo al baño, y mis manos debajo del agua helada, para lavarla y volver a mi cuarto sin que nadie me escuchara ni me viera, además era la única bombacha que tenía”.

    Tita Merello, la gran cantante, actríz, presentadora de televisión, diva... un personaje irrepetible en la historia popular argentinaA los doce años retorna a la casa de inquilinato (conventillo) para vivir junto a su madre. Analfabeta y pobre, debuta con un papel insignificante en una zarzuela en el teatro Avenida. En 1920, con dieciséis años “amparada por el desparpajo” (Göttling) se incorpora como corista al teatro Bataclán y canta su primer tango. Luego viene el teatro Maipo, donde comienza la otra historia: se convierte en vedette. A los 29 interviene en “Tango”, la primera película sonora del cine argentino junto a Libertad Lamarque, Luis Sandrini (el amor de su vida) y Pepe Arias, entre otros. Ya era Tita Merello y el cine la popularizó definitivamente.

    Películas inolvidables: La fuga, Arrabalera, Los Isleros, Guacho, Mercado de Abasto, El andador y Filomena Marturano, papel que también representaría más tarde en el cine  Sofía Loren. La mayoría de ellas realizadas durante la primera y segunda presidencia de Perón, fines de los cuarenta y principio de los cincuenta, en el siglo pasado, se entiende.
     

    Después de un tiempo retorna a la pantalla con Amorina (1961), El andador (1967), Viva la vida (1969),  La Madre María (1974), El canto cuenta su historia (1976),  Los miedos (1980) y Las barras bravas (1985), su última aparición en la pantalla. Un paréntesis amargo en su vida fue el que comenzó con la caída de Juan Domingo Perón en 1955: “Me obligaron a que buscara trabajo en las carpas de los parques de diversiones, me cerraron las puertas de todos lados, y yo tenía que comer” Se tuvo que ir a México. Regresó en 1957. Ya no era la misma. Muchas cosas habían muerto en su interior. Y se notó en el teatro, en el cine, en su relación artística con la gente.

    Tangos famosos por Tita, cientos. Tal vez la letra que más se identifica con ella es la milonga que tantas veces tuvo que repetir en un escenario: “Se dice de mí....se dice que soy fea/ que camino a lo malevo/ que soy chueca y que me muevo/ con un aire compadrón.” 

    Y cómo no recordar entre su discografía, estos títulos: Del barrio de las latas, Arrabalera, Dónde hay un mango, Haragán, El que atrasó el reloj, Garufa, Julián, Que vachaché, Llamarada pasional. O sus frases famosas que tanto y tan bien la definían: “Estoy llena de miedos, como toda mujer sola”;  “A los 19 yo ya sabía lo que era la vida. Sobre todo porque a esa altura ya se me habían destruido unos cuantos sueños”; “Soy una tremenda pecadora, porque fui una buscadora de amor. No me daba cuenta de que el amor no se busca, se encuentra”; “Me hice mujer a los 11 años, era peón”.

    En los últimos años de su vida se había refugiado en la Fundación creada por el prestigioso cardiólogo argentino René Favaloro. Vivía allí desde 1997. La mujer que la cuidaba y que había pasado la noche junto a ella en la habitación 924 del noveno piso de la Fundación, comentó que tuvo “una muerte como la que siempre deseó: en paz”.

    Sus restos descansan en el cementerio de la Chacarita en Buenos Aires, junto a otros nombres memorables en la historia del Tango, entre ellos, Carlos Gardel. Seguramente les recordará alguna de sus frases famosas, puede que ésta sea una de ellas: “Alguien dijo que mi nombre es como el tango. Debe ser cierto, porque me siento un cacho de Buenos Aires. Mi barrio fue la calle, y mis amigas y enemigas, las noches”.

    Aquí la tenemos, Tita Merello cantando "Arrabalera" en la película del mismo título



    Arrabalera
    Tango (1950)
    Letra: Cátulo Castillo
    Música: Sebastián Piana



    Mi casa fue un corralón
    de arrabal bien proletario,
    papel de diario el pañal,
    del cajón en que me crié...
    Para mostrar mi blasón,
    pedigree modesto y sano.
    ¡Oiga, che!... ¡Presénteme...
    ¡Soy Felisa Roverano,
    tanto gusto, no hay de que!...

    ¡Arrabalera,
    como flor de enredadera
    que creció en el callejón!
    ¡Arrabalera,
    yo soy propia hermana entera
    de Chiclana y compadrón!...
    Si me gano el morfi diario,
    qué me importa el diccionario
    ni el hablar con distinción.
    Levo un sello de nobleza,
    soy porteña de una pieza,
    tengo voz de bandoneón.

    Si se le da la ocasión,
    de bailar un tango arrespe,
    encrespe su corazón,
    de varón sentimental.
    Y al revolear mi percal,
    márqueme su firulete,
    que en el brete musical
    se conoce, la gran siete,
    mi prosapia de arrabal.

    Argentina al Mundo

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